Después de la prostitución, la diplomacia es considerada por muchos como la segunda profesión más antigua del mundo. La palabra diplomacia proviene del francés diplomatie y del inglés diplomatics, que a su vez derivan del latín diploma y éste del griego διπλομα (diploma). El término διπλομα se compone del vocablo δίπλο (diplo), que significa doblado en dos, y del sufijo μα (ma), que hace referencia a un objeto. Un diploma era un documento oficial, “una carta de recomendación o que otorgaba una licencia o privilegio”, remitida por la autoridad suprema de una entidad política soberana a las autoridades de otra, para informarles que el poseedor desempeñaba funciones de representación oficial y para solicitarles ciertos privilegios para el funcionario en la jurisdicción del destinatario. Dicho documento se caracterizaba por estar doblado , y en algunas ocasiones cosido en razón de que el contenido era una comunicación privada entre el remitente y el destinatario. El documento se entregaba doblado, y contenía una recomendación oficial –con ciertos poderes– para aquellos funcionarios que se dirigían a otro país o provincia de un Imperio. El portador del ‘pliego’ o diploma era ipso facto un diplomático (Wikipedia). No obstante en las sociedades de la antigua China, India o incluso en Egipto ya existían estas figuras.

Sin embargo, la carrera diplomática desemboca en uno de los oficios más desconocidos por la población, que en la mayor parte de los casos no conoce más allá de lo que dice la prensa. Durante la décimoprimera sesión del Seminario Intercultral del Máster Universitario Internacional en Estudios de Paz, Conflictos y Desarrollo de la Universitat Jaume I Jorge Fuentes Monzonis-Vilallonga, diplomático de carrera del estado español, dio a conocer a los asistentes los principales elementos del mundo diplomático.

La diplomacia profesional actual nace con la llegada del mundo Moderno, tras la profesionalización de los ejércitos y la burocracia. La embajada más antigua que se conoce dentro de este nuevo paradigma es la que sigue manteniendo España en la Piazza de Espagna, que representa a este país frente a la Santa Sede.

La embajada española situada en la Piazza de Spagna, en Roma, cumple las funciones de representación de este país frente a la Santa Sede

Uno de los aspectos que la gente suele confundir, según el señor Fuentes porque los periodistas también suelen caer en el error, tiene que ver con las diferencias existentes entre la Carrera Diplomática y el Cuerpo diplomático. La Carrera Diplomática es un grupo de personas que trabajan para los servicios exteriores de un país (en el caso de España: unos 1.000 diplomáticos más 4.000 personas de apoyo), mientras que el cuerpo diplomático es el conjunto de diplomáticos que representan a sus países en un determinado lugar (diplomáticos extranjeros en España, por ejemplo) y que tienen que seguir las indicaciones que les de el Estado en el que se encuentren (GUÍA PRÁCTICA PARA EL CUERPO DIPLOMÁTICO ACREDITADO EN ESPAÑA).

El ingreso a la Carrera Diplomática requiere un nivel de preparación muy alto, por lo que la media de edad al entrar está en unos 30 años, y puede realizarse a través de tres procedimientos:

  • Oposición: alrededor de unos 500 candidatos se presentan anualmente a un examen para obtener una de las 10 plazas que, más o menos, salen anualmente. Esta vía se prolonga durante unos seis meses en los que los candidatos deben demostrar su buen manejo del inglés, francés y español (en el caso de este país), además de pasar un examen de cultura general y actualidad y otro sobre algún tema político, jurídico, histórico o económico. Además, hacen pasar a los candidatos un ejercicio práctico basado en el “¿tú que harías en esta situación si fueras embajador?”, lo cual resulta cotradictorio porque nunca lo han sido.
  • Concurso: consiste en la presentación del currículum, a partir del cual el tribunal de acceso establece si esa persona es válida o no.
  • Nombramiento político: así es como obtienen su cargo todos los embajadores políticos, muy populares en el sistema estadounidense. Sin embargo, aquí en España, “el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, ha anunciado este miércoles que los puestos de embajadores los ocuparán miembros de la carrera diplomática y no personas ligadas a los partidos (RTVE)”. Veremos si es verdad.
El acceso a la carrera diplomática, tal como se debatió en el espacio del seminario, creo que no es lo suficientemente democrática, ya que la preparación exige un gran costo económico y, en muchos casos, las familias deben hacer frente a esos costos. La mejora de becas y ayudas para la preparación de la Carrera Diplomática haría más accesible esta profesión a toda la población, por lo que no quedaría cerrada a aquellas personas que “se lo pueden pagar”.

Los candidatos que consiguen acceder a la Carrera diplomática de un país comienzan siendo Secretarios de embajada de 3ª, pero pueden ir ascendiendo con el tiempo hasta llegar a ser Embajador de carrera. La relación de puestos es la siguiente:

  • Secretario de embajada (3ª, 2ª y 1ª)
  • Consejero de embajada
  • Ministro de embajada (2ª y de 1ª)
  • Embajador de carrera

Al empezar su periplo en este mundillo, los diplomáticos deben pasar los dos primeros años en Madrid para saber cómo funciona todo. A partir de entonces, “El Bombo” decidirá dónde trabajarán los diplomáticos en función de las vacantes que se produzcan en el extranjero. Depende el lugar al que se dirija el diplomático, su estancia no será superior a los 5 años. Esto se hace así para que los representantes vayan cambiando, ya que si no se considera que los diplomáticos podrían encariñarse mucho del país, entender profundamente sus problemas, empatizar con ellos y olvidar a quién están representando. Además, los diplomáticos tratan de pasar la mayor parte del tiempo fuera de su país, pues están mucho mejor vistos en el extranjero y, por supuesto, mucho mejor pagados.

Jorge Fuentes defiende que “es imprescindible involucrarse en la vida de un país para conocer los problemas que tiene y representar bien a tu país allí, pero no debes olvidarte que debes defender la posición de tu país en cualquier conflicto”. Por ello, creo que la figura del diplomático debe ser la de un gran hombre/mujer de Estado, que ante todo sepa para quién trabaja. Esta reflexión me lleva a concluir que, desde luego, la diplomacia no está basada en la justicia, sino en la toma de posición, claramente, por una de las partes. Mi pregunta es: ¿qué pasa con la globalización…? ¿Con las nuevas identidades de aquellos cuyos padres son cada uno de un país y ellos han nacido en un tercero…? ¿Con la superación, en las mentes de muchos, como yo, de la figura del Estado como estructura de relaciones humanas entre ciudadanos de diferentes países? Sinceramente, creo que la presencia de diplomáticos españoles en las reuniones de empresas privadas (Telefónica, Repsol) con representantes de los gobiernos latinoamericanos deja bien claro, al fin y al cabo, al servicio de quién están.

Los países de destino se dividen por categorías en función de criterios de seguridad, salubridad, clima, conflictos, relaciones bilaterales de el país receptor con el emisor (de diplomáticos)… pero siempre es provisional y se ve sujeta a cambios en función de los acontecimientos. En los países catalogados con una A, los diplomáticos pueden estar de 2 a 5 años; en los países de calificación B, 3 o 4; y en los países de más bajo nivel, C, la estancia no supera los 3 años.

Dentro del ámbito de la diplomacia, existen varios tipos oficiales de diplomacia:

  • Bilateral: es la diplomacia tradicional, basada en la relación a través de las embajadas de dos estados soberanos. La embajada representa los intereses del país representado en un determinado territorio a nivel económico, político, relación con los medios… España tiene alrededor del mundo 150 embajadas y consulados.
  • Multilateral: cada vez tiene más importancia y es la que se lleva a cabo a través de organismos multilaterales: OTAN, UE, OSCE, ONU…
  • Ad Hoc: son misiones especiales de diplomacia. El señor fuentes, fue uno de los primeros al participar en la misión diplomática para la ampliación de la Unión Europea, pero actualmente hay más de 50 misiones especiales y su estatus se ha degradado.
  • Itinerante: es la realizada por los propios político (Jefes de Estado, Parlamentarios, Ministros, Jefes de Gobierno), que en muchas ocasiones calman la tensión entre países y mejoran las relaciones.
  • A estas opciones se unen otras propuestas como la Paradiplomacia o la Diplomacia Ciudadana o Paralela, generadas a través de vías alternativas de negociación y mediación.

Definitivamente, tras la exposición del señor Fuentes, creo que no podría llegar a ser nunca diplomático de carrera. Creo en la búsqueda de soluciones en función de las necesidades de ambas partes en conflicto y no en la superposición de unos intereses sobre otros, en función de su poder político, económico, militar… global. Esta situación se ha visto, a lo largo de la historia, en muchas partes del mundo, con diplomáticos que tratan de favorecer esos intereses incluso participando en labores de desestabilización y cambio en el país que les acoge. Como dijo el señor Fuentes en respuesta a la pregunta de un compañero venezolano sobre el golpe de estado que tuvo lugar en Venezuela, en 2002: “Un golpe es un golpe. Nosotros creíamos que era lo mejor para su país”.

Aquí es donde entra en juego la Inmunidad diplomática, regulada por  la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, la cuál es utilizada por muchos diplomáticos para sacar más puros o ron de Cuba por valija diplomática (no se puede abrir) o para introducir en el país cualquier tipo de objetos en función de los intereses a defender. Además también se aprovechan de ello grupos criminales. Personalmente, creo que el Tribunal Penal Internacional debería tener una mayor capacidad de actuación en la violación, por parte de Estados o diplomáticos, en las acciones ilegales cometidas y del mismo modo, creo que las Escuelas Diplomáticas deberían poner mucho empeño en la formación moral y en el buen hacer de los profesionales que forman, debido a la responsabilidad que tienen. Bajo mi punto de vista, los intereses del bienestar humano están por encima de los intereses de cualquier Estado, por lo que la diplomacia debería servir a la justicia social y humana y no a los intereses maquiavélicos de aquellos países que, para mantener un nivel de vida determinado, explotan y utilizan la diplomacia para ayudar a ello. Hasta entonces, si queréis ir conociendo las novedades dentro del mundillo en España, os recomiendo el blog de Inocencio Arias en la página web de El Mundo: Crónicas de un diplomático jubilado.

¿Funciona realmente la diplomacia?

Breve Currículum Vitae de Jorge Fuentes Monzonis-Vilallonga al final de este documento

¡SALUD!

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