Después de la calurosa bienvenida en el acto de la primera semana, la segunda sesión del Seminario Intercultural del  Máster Universitario Internacional en Estudios de Paz, Conflictos y Desarrollo de la Universitat Jaume I fue presentada por los compañeros y amigos, Nantisara (Tailandia) y Arie (Indonesia). Ambos nos hablaron de la problemática que se está dando al sureste de Indonesia, en la isla de Lembata, donde la comunidad costera de Lamalera aún sigue practicando la caza tradicional de ballenas, entre ellas el cachalote, una especie que ha sido clasificada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La situación de esta comunidad, que tiene fuertes lazos con sus costumbres ancestrales, es complicada debido a las limitaciones geográficas de su territorio. Viven y dependen del mar, del cual obtienen hasta el 90% de sus recursos y medios de vida, ya que el clima es muy seco y árido. A pesar de la disyuntiva, organizaciones como Greenpeace no ponen el grito en el cielo con la caza tradicional de ballenas, ya que entienden que forma parte del ciclo de supervivencia de las poblaciones. No obstante, muchos grupos siguen trabajando para establecer cuotas para la sostenibilidad de estas prácticas.

Para la comunidad de Lamalera el mar es su vida y una gran parte de su actividad social, económica y religiosa gira alrededor de las mismas. Por ejemplo: los pescadores no mantienen relaciones sexuales durante el periodo de pesca; cada una de las barcas (tena) tiene su propio espíritu y cuando una es hundida en la lucha contra la gran ballena se le guarda luto durante un tiempo; la profesión de arponero (lamafa) es muy importante dentro de la comunidad y es algo que pasa de padres a hijos… Lo que está claro, es que la pesca de ballenas forma parte de la comunidad de manera integral no sólo por su importancia dentro del contexto social y cultural, sino también a nivel material, porque es aprovechada para obtener productos alimenticios, aceite, utensilios y herramientas de hueso, medicinas… que les sirven tanto para consumo propio como para los intercambios de productos con otras comunidades del interior, de manera que pueden acceder a vegetales, legumbres y muchas otras cosas con las que completar su dieta.

Las ballenas son un elemento esencial en todos los ámbitos de la vida en la comunidad de Lamalera

El Gobierno de Indonesia, junto con algunos organismos internacionales y ONGs, está intentando desarrollar un programa de protección del medio ambiente en esa zona del país que permita la conservación de las ballenas y de las formas de vida tradicional de la comunidad de Lamalera. La tarea es harto complicada, ya que las propuestas pasan, principalmente, por acuerdos entre las diferentes partes, un desarrollo sostenible del turismo y la búsqueda de alternativas a la excesiva dependencia del mar. Las tres opciones plantean dificultades importantes, ya que cualquiera de ellas puede transformar sustancialmente los modos de vida de esta comunidad (en inglés).

Bajo mi punto de vista creo que la más loable es la primera, aunque lo más complicado será buscar la manera de ponerse de acuerdo, ya que por el momento muchos líderes comunitarios no parecen dispuestos a ceder. “No podemos observar ballenas sin tratar de matarlas”, dice Bao Damianus Dasion, un líder de la aldea. La búsqueda de alternativas a la dependencia del mar puede pasar tanto por la concienciación de la aldea en la búsqueda de un equilibrio, como por la diversificación de fuentes alimentarias (captura de otras especies o búsqueda de métodos agrícolas adaptables al contexto, teniendo en cuenta que puede generar otros problemas dentro del propio ecosistema). Sin embargo, la importancia de las ballenas de manera integral en el ser de estas comunidades puede presentarse como un problema en estas líneas de trabajo. Del mismo modo, una mala gestión del turismo puede pervertir las lógicas de vida de la comunidad de Lamalera.

Los pescadores utilizan técnicas de pesca tradicionales que les enfrentan directamente, cuerpo a cuerpo, con las grandes ballenas

Sin embargo, estos pescadores que llevan practicando este modo de vida desde el s.XV empiezan a tener problemas para mantener sus tradiciones, ya que muchos jóvenes se marchan a la ciudad a estudiar y cuando vuelven (si vuelven) no quieren o les cuesta mucho incorporarse a las formas tradicionales de vida.

Número de ballenas matadas por la comunidad de Lamalera en los últimos 40 años

Veremos cómo va avanzando la situación durante los próximos años, pero lo que está claro es que si los organismos internacionales quieren luchar por la conservación de los cetáceos o de otras especies su principal frente de batalla no creo que se encuentre en Lamalera, sino allí donde operan las grandes corporaciones pesqueras industriales apoyadas por países como Noruega, Japón, Rusia, Islandia o Las Feroe.

¡SALUD!

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